Claudia Verónica L. R.

Área: Planeación

Abril 2020

“La felicidad y la percepción de que la vida tiene un sentido son dos experiencias que, aun siendo diferentes, tienden a ir de la mano”.

Para entender un poco más esta relación, hablemos primero de ambas experiencias por separado…

¿Qué es la felicidad?

  • La felicidad es un estado emocional -un estado de ánimo- positivo, es de decir, una sensación de bienestar y realización cuando alcanzamos nuestras metas, deseos o propósitos. Es un momento duradero de satisfacción donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten.
  • La felicidad es subjetiva, personal y única de aquellos que la experimentan. 
  • Generalmente equiparamos la idea de felicidad con placer, satisfacción y falta de tensión (como la alegría o el optimismo; así como el ejercicio de una vida relajada y buena, carente de problemas). De ahí que fantasemos pensando que para ser felices, necesitaríamos estar en una situación en la que nos sintiéramos libres de todas las tensiones que normalmente llegan en avalancha a nuestras vidas, como el cansancio, las fricciones interpersonales, el dolor físico, los problemas económicos o la desilusión en nuestro trabajo. 
  • Las actividades que nos hacen felices, no necesariamente nos aportan sentido, ya que la felicidad deriva del estado de “sentirse bien”.

¿Qué es el sentido?

  • El sentido de la vida es la razón que tengo para vivir, el motivo por el que me levanto todos los días, es decir, “el para qué de mi existencia”; tiene que ver más bien con el concepto de  «plenitud vital», es decir, la experiencia de buscar retos, realizar esfuerzos, estar plenamente involucrado y experimentar el flujo de la felicidad en aquello que se hace, actuar para sentirse completamente vivo y auténtico.
  • Dicho sentido es único y específico para cada persona (personal e intransferible)  y corresponde a cada uno descubrirlo.
  • Experimentar una vida con sentido, es igual a salir de uno mismo y orientarse a un proyecto más grande, con la sensación de que estamos contribuyendo a los demás o a la sociedad, de alguna manera. 
  • Las actividades que nos aportan sentido, suelen tener un carácter altruista u orientarse al crecimiento y la expresión personal. El sentido deriva de un estado de “plenitud”.

FELICIDAD Y SENTIDO DE VIDA

¿Una vida feliz no es una vida con sentido? 

¿Y una vida con significado no es una vida feliz? 

Lo cierto es que la respuesta a ambas preguntas es: «no necesariamente».

La felicidad sin significado, caracteriza una vida relativamente banal o egoísta, ya que la felicidad verdadera no consiste en momentos placenteros que suelen durar poco, si no en una sensación de plenitud y de paz interior que no necesita cosas externas para ser experimentada, ni exige estar en lugares especiales para sentirla. 

El sentido es lo que le da significado a la vida. Por lo tanto, lo que constituye la felicidad, es el sentido que damos a la vida y no depende de la ausencia de dolor o tensión en nuestra vida ya que, el camino para ser feliz, es aceptar aquello que tenemos y lo que no, es decir, ser agradecidos por todo lo que sí tenemos. 

“Una vida feliz, es una vida plena”


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